Si no nos arrepentimos, terminaremos no solo odiando lo bueno, como las leyes de Dios, sino también a los santos que cumplen esas leyes, hasta el punto de quererlos matar, como todo un anticristo (1 Samuel 20:1 NTV).
Creamos más en los santos que en los pecadores, por más que esos pecadores sean de nuestra propia familia. Y recordemos que, incluso, debemos mentir a los pecadores, como Saúl, con tal de salvar a los santos, como David (1 Samuel 20:3–7 NTV).
Acorralemos a nuestros amigos, a nuestras esposas, en fin, a todo santo, para que cumplan con amarnos. Hagamos también que se comprometan a amarnos, pues así se salvarán; de lo contrario, Dios los castigará por no amarnos (1 Samuel 20:8 NTV).
Confiemos más en los santos que en los pecadores, aunque estos sean de nuestra propia familia; de lo contrario, pagaremos las consecuencias (1 Samuel 20:9-14 NTV).
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